Siembra de alfalfa en primavera: qué tener en cuenta

En algunas zonas del país, especialmente en la región pampeana y sur de Córdoba, en ocasiones se realiza una siembra tardía, cercana a la primavera, de alfalfa. Esto implica algunos riesgos adicionales, por eso desde Foodco hoy te contamos cuáles son para que puedas anticiparte a ellos.

En primer lugar, como regla general, todo momento de siembra que se considere adecuado contempla factores como la temperatura, la humedad y las horas de sol.

La conjunción de estos factores es lo que permite que el otoño sea considerado el mejor momento en el caso de la alfalfa ya que permite el desarrollo equilibrado tanto en la zona aérea como radicular de la planta.

Veamos lo que sucede en el caso de la alfalfa:
- La germinación se da en un rango de 5º a 35º C, con un óptimo entre 19º y 25º C.
- A partir de la emergencia, el desarrollo de las plántulas es óptimo a 20º-25º C y mínimo entre 5º y 10º C.

Por eso, la época otoñal es la indicada, ya que acompaña dicho desarrollo.

El riesgo de sembrar tardíamente se basa, entre otras cosas, en que la planta no alcanzó aún un desarrollo suficiente para hacer frente a las bajas temperaturas.

Cuando la siembra es temprana, u otoñal, el calor del suelo, “acumulado” por las temperaturas del verano, otorga las condiciones propicias para la germinación y el desarrollo del sistema radicular antes de las heladas y además también la parte aérea se desarrolla en armonía, debido a la temperatura otoñal y el largo de los días.

Cuando la siembra es en primavera, se producen cambios dado que el suelo es más frío por haber atravesado el invierno y además suele estar más seco, especialmente en el caso de Córdoba, ya que es época de escasas precipitaciones. Ambas condiciones retrasan las etapas de germinación y emergencia.

Entonces, la fecha adecuada requiere que las heladas hayan disminuido. Para eso, se recomienda monitorear cuál es la fecha estimada o promedio de las últimas heladas. Además, también debemos evitar que el desarrollo de la planta coincida con las altas temperaturas del período primavera-verano. En ese caso, no conviene extenderse más allá de mediados de septiembre y principios de octubre.

Las plantas de siembra tardía tendrán un mayor desarrollo del follaje en detrimento del crecimiento radicular. Esto se debe a las condiciones de la primavera: días más largos y de mayores temperaturas.

Respecto al suelo, las recomendaciones son “las de siempre”: el suelo debe estar preparado, desmalezado. Prestar especial atención a la gramilla y al cebollín. Mantener una vigilancia constante del suelo y las malezas, ante su posible aparición, para poder lograr una intervención temprana.

También es importante que el lote de trabajo, no tenga napas muy superficiales.

La elección de la semilla también es clave: no sólo debe tratarse de una semilla de calidad, sino que además es conveniente elegir aquella que cuente con tratamiento fungicida e insecticida. En este sentido, prestar atención a las condiciones de humedad del invierno (hay algunos años que son más secos que otros): si al frío habitual le sumamos una humedad elevada, se dan las condiciones para diferentes enfermedades, entre ellas el “damping off” o podredumbre de las plantas. De allí la importancia de fungicidas.

Para evaluar el estado de las plantas, se pueden valorar los siguientes indicadores:
- Las semillas se transforman en una masa gelatinosa de color marrón o los cotiledones y la radícula pueden presentar un aspecto blando, húmedo y amarronado. Esto sucede en los ataques tempranos.
- Las raíces y/o el hipocótilo (es decir debajo de los cotiledones, entre el nudo cotiledonar y el cuello) se tornan fláccidos y acuosos, con tonalidad oscura, se estrangulan y finalmente colapsan. Las plántulas caen sobre el suelo o presentan muy escaso desarrollo, con cotiledones de color verde oscuro; en ambos casos, las plántulas mueren a los pocos días. Esto sucede en los ataques tardíos.

Por último, también es conveniente aumentar la densidad de siembra, ante el mayor riesgo de pérdida de plantas y, por lo tanto, de producción. Los expertos recomiendan que sea entre un 20 a un 25% respecto a lo que se emplea en otoño.

 

 

Fuente: Todo Agro